La maternidad no es como la pintan

Últimamente he pensado acerca de cómo percibía la maternidad, antes y como la percibo ahora que soy mamá. Si bien sabía que era una tarea difícil, nunca imaginé lo que realmente significa criar, cuidar, proteger y amar, a un hijo.

Una cosa es lo que te diga tu mamá, tus primas, amigas, y otra completamente diferente vivirlo en carne propia. Creo que la realidad supera la ficción, porque de verdad me he dado cuenta que la maternidad no es como la pintan. No es como la pintan las marcas, la tele, las revistas (en su afán de vender).

Pero más allá de eso, la sociedad nos venden la idea de que ser mamá es lo más increíble del mundo, y sí, sí lo es, sin embargo, cada mujer enfrenta la maternidad a su manera, la siente y la vive desde su propia perspectiva.

Por ejemplo, a mí nadie me dijo que por un tiempo no me iban a dar ganas de arreglarme, ni de salir, ni de bañarme, ni de tener sexo, y lo único que sí tendría, serían unas inmensas ganas de dormir y formar un delicioso trio entre mi almohada, las cobijas y yo. Había veces que ni ganas de ducharme tenía, y otras veces en las que parecía un muerto viviente, con ojeras, bata, pijama y cabello despeinado. Para las que me han leído antes, saben que mi hijo tenía el horario al revés, dormía en el día y despertaba toda la noche. Ya se imaginaran lo difícil que fue poder encontrar un hueco en el día para descansar.

La idea de la mamá impecable no existe

A menos que tengas un séquito de personas que se encarguen de toda tu agenda, podrías serlo pero si eres una mortal como yo, tienes que saber que los pelos relajados, las ojeras, las fachas, son parte de la vida de una nueva madre.

De alguna u otra manera en nuestra mente se va creando una paisaje maternal siempre lleno de risas, juegos, casa inmaculada y con mamá sonriendo de oreja a oreja, que por cierto, está tan delgada como sus años veintes, pero cuando esa imagen se desdobla para mostrarnos la verdadera esencia de la maternidad, sentimos que no lo estamos haciendo bien o no es suficiente, entonces llegan las culpas y las sobrecargas físicas y mentales.

Claro que sí hay risas, casa limpia, besos, apapachos, caricias, juegos, tranquilidad, pero no todo el tiempo. Hay días en los que simplemente no quiero ser mamá y sólo quiero ser mujer. Por eso pienso que es muy importante darnos tiempo para nosotras, es sumamente necesario, y siempre voy a defender y buscar ese derecho.

Retomando el tema, no siempre las cosas suceden como lo tenemos en mente. Y de eso me di cuenta en el momento que Mateo decidió nacer. Yo tenía todo preparado para el parto. “Según yo”, ya sabía cómo respirar y qué hacer. Nada me asustaba. Pero de pronto mi hijo decide nacer un mes antes, y ya sin líquido amniótico tuvo que ser cesárea inmediata, así que todo ese plan que tenía en mi cabeza no se llevó a cabo. Y así muchas cosas más que no terminaría de explicar. La cosa es que cada una experimentará lo que le toque, y es mejor estar abiertas a eso y dejar fluir cuando sea necesario. Lo comento porque muchas veces yo por tratar de controlar las situaciones con mi bebé, me estresaba mucho, así que preferí dejar fluir para que las cosas tomaran su camino de a poco.

La maternidad significa una mezcla abrupta de emociones, un coctel de sentimientos como vaivén que todos los días nos hacen preguntarnos si lo estamos haciendo bien. Pero sí, sí lo estamos haciendo bien, es más, lo estamos haciendo genial, porque para mí este ha sido el trabajo más difícil que he vivido. Ni todos esos clientes engorrosos que trataba día a día se comparan con este maravilloso pero cansado trabajo, porque tenemos pequeños jefecitos que todo el tiempo nos traen de arriba para abajo. No tenemos vacaciones pagadas ni sueldos fijos, pero la satisfacción de que ese pequeñito o pequeñita te acaricie la cara por las noches, como diciendo, eres una gran mami, ¡uf!, no tiene precio alguno.

Definitivamente la maternidad no es como la pintan, es mejor, porque es real, sin poses, sin apariencias, se vive a flor de piel, se llora, se brinca de alegría, de amor, pero también de preocupación, de noches en vela, de rezos para que desaparezca esa latosa gripa que no lo deja dormir, pero se agradece que sólo sea eso. Y sobre todo, se vive el milagro de verlo sonreír todos los días. Eso, señoras y señores, no lo cambio por nada.

¿Cómo han vivido su maternidad? Las leo.

💋💋 Yery

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