Bueno, ya soy mamá. Y ahora, ¿qué?

Bueno, ya soy mamá. Y ahora, ¿qué?

¿Y ahora…. qué?

Esa pregunta retumbó en mi cabeza al salir del hospital y llegar a casa. Después de dos días agotadores en aquel lugar, lo único que quería era dormir, dormir y dormir.

Pero, oh sorpresa, ya no podría hacerlo a mi entero placer, no sin antes atender todas las necesidades que un recién nacido demanda. Eso, queridas, fue como una cubetada de agua helada, con todo y el cubetazo en mi cabeza. Desde ese momento, hasta un año después, no dormí de corrido. Noches que parecían interminables con mi hijo y su apetito voraz, donde cada hora y media había que amamantarlo hasta por 30 minutos seguidos, y yo, con los ojos más arenosos que cualquier playa caribeña, me caía de sueño.

Es en esos momentos, en los que te cae el 20, durísimo. Ya no eres dueña de tu tiempo, ahora, lo compartes con un ser pequeñito que dispone del 100% de ti.

Los primeros meses siempre son lo más difíciles de digerir. Sobre todo cuando eres mamá primeriza y todo el mundo opina sobre cómo debes hacer las cosas….

Que si el pañal está mal puesto,
que si no colocas bien a tu bebé en el pecho, le entrará aire y tendrá gases,
que debes bañarlo diario, que no debes bañarlo diario,
que no le prendas la luz, que déjale una pequeña luz encendida,
que no es bueno el colecho, que sí es bueno el colecho, etc, etc, etc…

Y qué me dicen cuando apenas estás familiarizándote con la pera nasal, ¿what?, ¿eso con qué se come?, cuando ya debes aprender cómo hacerlo eructar, (tarea que me resultó bien complicada).

Son realmente abrumadoras todas las opiniones, consejos y uno que otro mandato. Seguro, son bienintencionados, solamente que a veces no queremos escuchar tantas veces cómo debemos hacer las cosas, simplemente queremos aprender del error, vivir la experiencia metiendo la pata, y es ahí, donde la intuición y el instinto materno llegan a salvarte la vida.

Sigue tu instinto…

No te sientas mala madre si a veces no sabes cómo actuar frente a situaciones que jamás habías experimentado, sólo respira y haz lo mejor que puedas. Verás cómo la naturaleza, de manera misteriosa, actuará a través de ti para darte las respuestas necesarias. Aprende sobre la marcha. Disfruta cada momento, malo o bueno. Haz todo lo que creas necesario para que tu bebé se sienta seguro a tu lado, amado y respetado por ti, y que sepa que estás ahí con él, no importando la situación en la que te encuentres.

De a poco, tu mente, cuerpo y alma, comenzarán a acoplarse al nuevo mundo. Un lugar recién descubierto por ti, en donde habita el ser más sensible e indefenso que pueda existir, y por el que darías la vida entera a cambio de verlo crecer feliz y pleno.

¿Ustedes qué sintieron al tener a su bebé en casa? Cuentenme que yo las leo.

Yery

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