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Mi evolución como madre

1 febrero, 2018
Mi evolución como madre

Mentiría si te dijera que soy la misma desde que me convertí en madre, hasta ahora que estoy en vías de parir a mi segundo hijo. No soy la misma que hace 4 años cuando nació Mateo.

Al momento de tener a mi hijo en mis brazos, supe que debía ser la mejor madre que pudiera tener, pero no tenía idea del cómo. Lo único que sabía era que iba a educarlo con lo que “ya sabía”, es decir, como a mí me criaron, pero conforme pasaba el tiempo y leía información actual sobre crianza, me di cuenta que necesitaba cambiar algunas cosas, y como todos sabemos, los cambios no son fáciles.

Antes pensaba que dejar llorar a los bebés era mejor que ir a su búsqueda de inmediato porque si no “te tomaban la medida” (vieja crianza). Yo recuerdo, y lo digo con toda la honestidad del mundo, que dejé llorar un par de veces a mi hijo pero algo dentro de mí sabía que no debería ser así e iba a cargarlo a su habitación. También me fui con la idea de que tuviera su cuarto y, aunque alguna veces Mateo se durmió en su cuarto, yo después lo pasaba mi cama o en su cunita al lado de mi cama.

Tenía esa presión social donde todo el mundo te dice qué hacer, pero mi instinto me decía otra cosa. Al final, opté por hacerle caso a mi voz interior de madre.

Otra cosa que me faltó hacer es portear a mi bebé más tiempo. Me compré una bandolera y a veces la usaba, pero nunca supe cómo hacerlo de manera correcta. Vi muchos tutoriales en internet pero no me salía bien. Tampoco sabía que existen grupos de porteo donde te asesoran y te guian sobre cómo hacerlo.

Pero nadie nace sabiendo ser madre-padre

Si tuviéramos clases de maternidad antes de ser madres (que de hecho ya las hay), todo podría ser más claro. Pero como bien dice la frase trillada, “los hijos no vienen con un manual, vienen con una mamá”, no hay ningunas instrucciones bajo el brazo del bebé; sólo está nuestra disposición, ganas y amor para aprender día a día, informarse, practicar, entender, comprender, regarla, empezar de nuevo y darlo todo. Nosotras somos el manual, el libro que cada día escribe una nueva página en la vida de nuestros hijos, donde les damos forma a sus sueños y a su vida.

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Entiendes que no puedes ser perfecta, pero sí la mejor mamá día a día, con las fallas de un ser humano, pero con plena conciencia de que no hay peor daño a los hijos que la indiferencia, el abandono, la falta de empatía, la insensibilidad, los golpes, la burla, el chantaje… y puedo seguir.

Soy capaz…

Ya sé que los consejos no pedidos son lo que menos nos gusta a las mamás, pero si me dejas darte un pequeño consejo que a mí me ha servido para seguir evolucionando como madre, es que te lo creas. Te creas que eres capaz de hacerlo mejor que ayer. Que sepas que si a ti te educaron con maltrato, no vas a repetir ese mismo patrón con tus hijos. Mira tu interior, platica con tu niña interna y si tiene heridas, sánalas con amor propio y con buenos tratos a tus pequeños.

Lee, empoderate de información real que te cambie el chip y te haga conectar contigo misma para luego conectar con lo que más amas en la vida: tus hijos.

Las equivocaciones cuentan.. y cuentan mucho.

No es una frase de politiquillo, pero cada equivocación es una nueva oportunidad de aprendizaje. Cuando nos damos cuenta que fallamos en algo, se celebra un milagro, el despertar de conciencia. En el error está el saber hacer.

Y para cerrar…

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Mi esposo me dijo hace unos días, que yo nací para ser madre 😮 yo me sorprendí y le pregunté por qué creía eso, me contestó que por la manera de hablarle a nuestro hijo después de que hizo un gran berrinche. Que cada palabra fue correcta y que le hablé como él jamás lo hará. Además remató con la frase: nuestros hijos serán grandes personas gracias a ti.

Me enamoré más jajaja. Me sentí bien al saber que mi esposo sabe el gran trabajo que hay detrás de ser una madre en casa. Porque ahora me importa mucho la crianza de mis hijos más que un trabajo en oficina. Tengo sueños y sigo teniendo y atendiendo mis planes personales, pero no lo comparo con la gran satisfacción de estar en mi casa criando a mi pollito y a la que viene en camino.

Cada día me siento mejor conmigo misma. Cada día me siento bien en esta piel de mamá y sé me queda bien.

No lo hago perfecto o como lo esperado; mi hijo a veces toma refresco, también usa el ipad, tiene desbordes emocionales, en ocasiones me cuesta meterlo a bañar, a veces vemos televisión antes de dormir.. etcetera, etcetera..

¿y yo?…

Yo también me canso, termino agotada, me desespero, a veces no hago labores domésticas, quiero un día para mí sola, y no me culpo, me felicito por salir bien librados.

Así que como ves, este texto está cargado de honestidad y lo quiero compartir porque sé que allá afuera hay muchas nuevas madres que tienen muchas dudas, muchos sentimientos encontrados y que muchas veces, hay falta de apoyo de sus parejas o familias, pero quiero que sepas que sí se puede y que siempre podremos encontrar nuestra evolución como madres.

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