De mamá a mamá

Mamá por primera vez

16 febrero, 2015
Mamá por primera vez

Siempre pensé que al llegar a los 30 años, ya sería directora de una gran compañía, y tendría mi súper departamento en pleno corazón de la Ciudad de México. Ahora a mis 33 años, nada de eso ha sucedido.

Soy Publicista y vivo en un departamento muy pequeño en una ciudad muy alejada del D.F, y además, soy mamá de tiempo completo. Nada de eso se parece a lo primero, ¿cierto?.

Cuando uno se crea sueños y planea su vida de manera casi exacta, como que la vida te mira y dice… ¡bah!, estoy a punto de deshacerte todo lo que haz planeado tan meticulosamente, para darte la sorpresa más grande que haz imaginado jamás. ¡Pum!, miras tu calendario y te das cuenta que no es exactamente el día en que tus cólicos deben hacer acto de presencia, y es entonces, cuando llega la hora de comprar una de esas pruebas farmacéuticas que jamás pensé que compraría con tantos nervios. Mi marido llega con la cara pálida (más de la habitual), para darme la dichosa prueba. Ya en el baño, miles de cosas pasan por mi cabeza, como cuando dicen que estás al borde de la muerte o algún peligro inminente del que no puedes dar marcha atrás.

“Una rayita dice que no, dos que sí, ¿no?”. “O ¿Cómo dice?, porque aquí se ve una, pero la otra es muy tenue. Yo creo que no”. Con tanta confusión, mi marido y yo, tratábamos de descifrar la prueba que teníamos en las manos. Finalmente, nuestras sospechas se confirmaron. Estaba embarazada, y todo mi plan de vida se esfumó en micro partes que se desvanecieron en el universo infinito. Okey, quizás exagero cuando digo que se esfumaron mis sueños, pero así fue, se desvanecieron para trasformarse y dar vida a un ser extraordinariamente sorprendente, que cada día me saca miles de sonrisas y una que otra cana.

Mi hijo, actualmente tiene 1 año 2 meses, y me mantiene vuelta loca de amor y cansancio. Es verdad, él me cambió la vida como nadie más. Hace que mis planes tengan sentido, pero sobre todo, es un gran maestro de vida. Me enseña cosas que ninguna universidad o trabajo profesional puedan enseñarme, porque sus más sencillos actos, son grandes aprendizajes que llegan a cambiar mis pasos. Tuve la oportunidad de cambiar juntas y minutas, por pañales y biberones. Créanme cuando les digo que muchas veces preferí regresar a las interminables y latosas llamadas de mis clientes, que las interminables horas de llanto de mi bebé a media noche. Pero, ¿saben qué?. Existe algo llamado “amor maternal”, una fuerza más allá de cualquier entendimiento humano. Algo que hace que te salgan fuerzas que no creías poseer. Eso, te alimenta a seguir y continuar por esta labor tan maravillosa y tan desvalorada por la sociedad.

Lectura recomendada  Ser mamá tiempo completo: una tarea agotadora

Hoy, puedo decir que sigo aprendiendo sobre la marcha. Nadie nace sabiendo algo, y menos sabiendo ser padre o madre. Pero la vida es muy sabia, y en el camino, te da las herramientas y el conocimiento necesario para comenzar. De ahí en fuera, es casi obligación de las madres y padres, encontrar información que nos permita criar a un ser humano feliz.

No cambiaría nada de esto por ninguna compañía o departamento lujoso, porque sé que puedo combinar las dos cosas. Gracias a la vida por regalarme la oportunidad de ser mamá y seguir persiguiendo mis sueños, porque antes que ser mamá, sigo siendo mujer. Pero de eso, hablaré más adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *