Vida en pareja

Crisis de pareja con la llegada de un hijo.

4 enero, 2016

Me parece que la frase “Nunca se está preparado para tener un hijo”, es más que verdadera. Si bien es cierto que deseamos a nuestros hijos con todo el corazón, nadie nos prepara para el gran cambio que dará nuestra vida. No existe un manual para padres que nos diga exactamente cómo afrontar los cambios, pero sí hay consejos que pueden ayudarnos.

A mi esposo y a mí, la noticia del embarazo nos cayó de sorpresa, eso es verdad, fue una hermosa sorpresa que nos llegó de pronto. Teníamos pocos meses de vivir juntos, cuando ya venía en camino otro integrante más que se unía al clan. Como podrán imaginarse, el acoplamiento natural de una pareja, se vio desplazado por la llegada de un pequeño ser, así que mientras Mateo crecía, también crecía y se transformaba nuestra vida en pareja. Nos costó mucho poder asimilar todos los cambios. Primero porque no teníamos mucho tiempo de vivir juntos, y segundo porque ahora hay que cuidar de un chiquitín que nos eligió como sus padres. Poco a poco fuimos conociéndonos y acoplando nuestra manera de ser y pensar con la del otro. Les puedo decir que nos tomó dos años para poder entendernos, comprendernos y reforzar nuestro amor. No digo que para todos sea así, pero para nosotros fueron dos años llenos de emociones que nos ayudaron a tener claro nuestro camino. Hubo una transformación en nosotros; las crisis son para eso, para evolucionar, crecer y avanzar.

Aquí les comparto algunos consejos que nos han ayudado a superar las crisis y evolucionar nuestra convivencia:

Nadie tiene la razón: siempre pasa que en un matrimonio, hay una lucha de poderes y queremos demostrar a toda costa, quién está en lo correcto. No hay nada peor que eso, porque jamás se resolverá un conflicto cuando una de las partes, o ambas, están aferradas a una idea. La cuestión aquí, es abrir la mente para comprender lo que el otro quiere decir. El ego en un matrimonio, es fatal. Si comenzamos diciendo: “okey, aquí nadie tiene la razón, somos dos adultos que estamos tratando de solucionar un conflicto, y tanto tú como yo, tenemos razones válidas”, podemos crear una empatía que nos ayudará a poder entender lo que cada uno necesita.

Darnos tiempo de pareja: Cuando llegan los hijos, toda la dinámica del hogar cambia, y eso incluye las salidas y tiempo en pareja. Será difícil retomar la intimidad, por lo menos en unos meses, pero conforme los ciclos tomen su curso, habrá tiempo para todo. Las escapaditas al cine, a algún lugar romántico o una rica cena, son elementos que nos sacan de la rutina y encienden la llama de la pasión. Siempre tengan un tiempo para el amor, para la pasión, para la ternura; porque los hijos se irán, pero un compañero o compañera, cómplice de nuestros sueños y aventuras, permanecerá a nuestro lado.

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La crianza de los hijos: Ponerse de acuerdo en cómo criar a los hijos, no es tarea fácil de pero tampoco imposible. Es cierto que cada uno venimos de una crianza y educación diferente, pero aquí, el punto clave es la comunicación e información. Ambos investiguen, lean, infórmense sobre la crianza actual y compartan puntos de vista y opiniones para llegar a acuerdos. Mientras más estemos en sintonía el uno con el otro, mejor podremos educar a un hijo, porque si cada uno pone sus propias reglas, no existirá coherencia en la mente de los pequeños y todo se saldrá de control. Comunicarle al otro, lo que piensa y siente, es clave para formar un sólo criterio que ayudará a formar un camino sólido en la educación familiar.

Aceptar el cambio y dejar fluir: Cuando hay demasiados cambios en una pareja, lo importante es reconocerlos y dejar que tomen su curso. Tratar de controlar siempre la situación, lo único que traerá es estrés, malos entendidos, hartazgo y puede poner fin a la relación. Muchas veces, podemos llegar a ser muy aprensivos en sentimientos, conductas, situaciones, que nos imposibilitan ver con claridad. Si aceptamos el cambio como viene, más rápido podemos adaptarnos y avanzar.

Ver una crisis como oportunidad: Todas las crisis son oportunidades de crecimiento y todos los matrimonios tienen sus altibajos. La cuestión es conocer cómo superarlos. Comenzar a aceptar nuestros errores, es fundamental para iniciar un cambio interno. Poner en la mesa lo que nos molesta del otro, también es un buen inicio para entendernos, para ceder y negociar.

Pedir perdón: Mientras haya amor, todo se puede resolver, porque nos hace humildes para reconocer nuestros propios errores y disculparse. Si es necesario ofrecer disculpas porque el otro necesita escucharlas, entonces hay que hacerlo, como dije, no tratemos de ver si se está en lo correcto o no; si hubo una herida, sólo se puede sanar con el perdón. Quizás hemos lastimado a nuestra pareja sin saberlo o sin quererlo, y ofrecer una disculpa sincera, puede unir lo que se rompió.

Discusiones financieras: Pasa y mucho, que hay discusiones o peleas por el dinero. Y más cuando no hay una sola entrada. Es cierto que el dinero es necesario pero puede haber un debate sano. Traten de llevar un control de lo que entra y de lo que sale. Que ambos conozcan bien la situación porque puede pasar que sólo uno lleve las cuentas y el otro tenga una idea “irreal” de las finanzas del hogar y entonces haya el conflicto. Hacer un presupuesto de los gastos mensuales fijos, ayuda muchísimo a tener claridad de lo que se puede gastar y lo que se puede ahorrar. Cuando haya época de vacas flacas, el apoyo es fundamental para pasar la “rachita” sin que nadie salga herido. Recordemos que siempre va a haber tiempos de bonanza y tiempos en lo que hay que apretarse el cinturón, y hay que aceptarlo para que fluya.

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Me parece que estos consejos pueden ser de ayuda, incluso, a matrimonios sin hijos. Es que toda vida en pareja pasa por momentos de crisis en las que se pone a prueba el amor, la paciencia y la cordura, pero cuando ambas partes están disponibles para darle solución a los conflictos, de verdad que se superan y se aprende a sortear los que vengan. Ningún matrimonio es perfecto y es necesario que haya crisis para conocerse, para aprender a convivir sanamente, para fortalecer el amor y la comprensión. Hay una frase que a mi marido y a mí, nos ha servido muchísimo: “Te entiendo pero no lo comparto, no lo comprendo pero te respeto”, quiere decir que respetamos la manera de pensar del otro, que no pretendo que pienses como yo, pero tampoco pensaré como tú, sólo te respeto y cedemos en la medida en que nuestros ideales y principios nos lo permitan. Se dice fácil pero el tiempo, las ganas, la paciencia y el amor serán piezas fundamentales para convivir sanamente.

Por Yery An

 

Foto tomada de la web


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